A Rafael Ocampo le conocimos en el Camino de Madrid (uno de nuestros favoritos; sin el «carisma» del Francés o el del Norte pero tan gratificante como el que más) en el invierno del 2015. Con la mayor naturalidad nos contó que la noche anterior (la de Navidad) había dormido en un cajero de Segovia siendo la suya una de las familias más adineradas de Buenos Aires. Rafa va por libre en la vida. Se guía por impulsos y hace en cada momento de su existencia lo que su corazón le dicta. Esa noche tocaba cajero y otras una buena pensión como tuvimos la oportunidad de compartir con nuestro hombre.

Ahora acaba de llegar hasta Nájera caminando desde Londres (obviamente ferry de por medio). Desde la capital británica hasta París y de ahí hasta Zubiri empujando un carrito de bebé (el mejor del mercado, faltaría más; el Roll Royce de su sector según Rafa) con 33 kg en su interior (tienda de campaña, camping gas, 4 litros de agua, todo lo necesario. Como un señorito, según nos cuenta). De Zubiri a Nájera abandonó el vehículo de carga alternativo y metió parte del contenido en una mochila (24 kg) lo que le obligó a abandonar en Nájera por puro agontamiento (averiado según su entrañable humor). En agosto espera retomarlo, ya con un peso sensato de 8 kg.

Lo más asombroso de Rafa es la normalidad con la que te narra sus peripecias. Su nueva aventura es viajar en su motito de toda la vida desde Madrid al Polo Norte para lo que empleará unos 1.000 euros por trayecto y un mes en ir y otro en volver. Sin prisa alguna; no más de 400 km al día. Y después se plantea el Camino de la Plata desde Cádiz. Y luego con su otra moto, de Australia a Europa (porque Rafa, ahí donde le véis se mueve continuamente entre Europa, Oceanía y Estados Unidos y habla un inglés exquisito propio de su educación en los mejores colegios bonaerenses). Y te lo cuenta con la mayor tranquilidad. Como si nada. Que si la moto le da problemas, la regala, se coge un avión y tan pichi.

Rafa dice que a veces peregrina en motocicleta y no le falta razón porque viaja de esa manera con una gran apertura de espíritu propia de cualquier peregrino.