Y que no meter, amigos.

Partimos de la premisa de que el peso con el que vas a cargar en esa mochila tiene una gran transcendencia. Una mochila en el Camino con sobrepeso puede amargarte el camino y convertirlo en un calvario (es más fácil que te salgan tendinitis, ampollas y otros problemas habituales en los pies si vas con más peso del debido). Por no hablar de la carga simbólica que implica la mochila y los objetos que cargas en ella. Por el reflejo que puede suponer de tus cargas emocionales y porque seas de los muchos occidentales que no pueden vivir sin miles de objetos prescindibles. Ahora que ya nos hemos quedado a gusto, ahí van ciertas consideraciones siempre desde la óptica de introducir en la mochila solo lo estrictamente necesario (incluso si te la va a llevar una empresa de transporte ya que no tiene sentido hacer el Camino de Santiago con la casa a cuestas o como si nos fuésemos de vacaciones a Benidorm. Vivir unos días con lo justo sienta muy bien y nos hace apreciar lo que tenemos y aprender a renunciar a lo que no es necesario. De todas formas la decisión de que te llevan la mochila o no, la abordaremos en una próxima entrada de Pilgrino:

1. La propia mochila pesa. Intenta que sea liviana y resistente. No es lo mismo que pese 800 gramos que 3 kg. El peso obviamente lo marca el volumen y el material de la mochila. Las más modernas están hechas de materiales muy avanzados y ligeros. El volumen debería rondar los 25-50 litros salvo excepciones marcadas por nuestro propio peso.

2. Es muy habitual que se recurra al criterio según el cual la mochila debe pesar aproximadamente el 10 % de tu peso. Lo compartimos pero creemos que con menos peso se puede hacer. Somos muy partidarios de cierta austeridad «material» en el Camino de Santiago(no hacen falta colonias o secadores de pelo como hemos visto en algunas mochilas cargados por sus propietarios) y creemos que con el 8 % puede ser suficiente. Y para peregrinos experimentados con menos. Este, su seguro servidor, anda por los 72 kg de peso y en verano peregrina con no más de 2-3 kg en una mochila de 800 gramos que vemos en la imagen de portada de la derecha, la verdecita. Si sabes que no vas a necesitar saco (puedes usar el forro polar de abrigo a malas) se puede hacer perfectamente de esa manera. Recuerdo en mi primer camino a un chaval alemán caminando con un poncho de los indios americanos y un pequeño zurrón a la antigua usanza. Ahí lleva una muda de repuesto, el dinero, documentación, cepillo de dientes, dentífrico y no necesitaba más la criatura. Era octubre/noviembre para más información.

3. La ropa que creemos necesaria es la siguiente: 2-3 mudas (calzoncillos o bragas, al gusto). 2 o 3  calcetines y otras tantas camisetas (suelen recomendarse las transpirables como la que aparece en la foto, a nosotros no nos parecen para tanto. Se puede usar unas camisetas que nos parezcan chulas o que aporten información interesante y así evitar el recurrente uniforme de quechua). Un pantalón corto y un pantalón de agua que nos hará las veces de pantalón largo si hace frío y nos protegerá de la lluvia. Junto con unas mallas iremos bien protegidos salvo que vaya a hacer frío. En ese caso sí recomendamos un pantalón de montaña. Llevando el pantalón de agua evitamos cargar con un segundo pantalón. No vamos a pasearnos por la rambla de Barcelona, ni por la Gran Via madrileña. Las apariencias las podemos dejar para otra ocasión. Una prenda de abrigo tipo forro polar o plumas ligero. Si es inverno algo más consistente. Si nos quedamos cortos de prendas de abrigo siempre nos podemos aplicar la consabida técnica de la cebolla consistente en ponernos varias camisetas y transformarnos en un peregrino multicapa. En invierno unas polainas os serán muy útiles más por el barro que por la nieve que puede aparecer pero tampoco es tan habitual. Por último una toalla de microfibra mediana. No pasa nada por no secarnos con nuestra toalla sábana favorita de 2 metros cuadrados unos días. Con todos estos truquis conseguimos reducir el peso de la mochila peregrina. Por último un chubasquero decente (si es de plastiquillo fino nos durará unas horas). Si vamos para unos pocos días y vemos claro que no va a llover o apenas va a llover podemos arriesgarnos a no llevar y comprar uno baratillo en el peor de los casos o incluso utilizar el plumas para protegernos de la lluvia si no es mucha. No es ropa pero lo incluimos en esta sección: un calzado tipo cross o similares de «garrafón» (de los chinos). Nos evitará coger hongos en alguna ducha y hasta caminar (con calcetines) algún rato si llevamos los pies doloridos. Por último, tapones para los oídos y antifaz que no abrigan ni es ropa pero previenen de los ruidos y la luz indeseados.

4. Productos de higiene. Lo suyo son botes pequeñitos. No hace falta llevarse un kg de gel y otro tanto de champú. Para esto no hay nada como los botecitos o sobrecitos de hotel. Los vas recopilando o rellenando, te llevas los que consideres al Camino y te puedes ir desprendiendo de ellos según caminas. Lo mismo para la pasta de dientes, las hay de 200 gr y de 20 como vemos en la foto. Calcula en base a tu tiempo en el Camino de Santiago. Si eres hombre y no gastas barba es una buena oportunidad para ver qué tal te queda y ahorrarte el peso de las maquinillas de afeitar y la espuma.

5. Documentación, señor agente. Pues eso, «er» DNI o pasaporte, la credencial de peregrino donde sellar convenientemente (no hace falta 20 veces al día en peluquerías o tanatorios para que parezca que vienes desde Sudáfrica con tanto sello). Tampoco vemos necesaria una guía en papel ya que dispones gratuitamente de www.pilgrino.com, fabulosa web con los itinerarios de los principales caminos. Además quienes la elaboran son muy majos y viven de ello.

6. Algo de comida y bebida, tipo barrita energética, chocolate, frutos secos al margen de comida «seria» (bocadillo o similares). Siempre hay que tener algo de comida que aporte energía por si hay algún contratiempo. La bebida más indicada es el agua. Si queremos una cerveza o una coca cola es mejor no cargar con ella y tomarla en nuestro destino o paradas a lo largo del Camino.

Una advertencia sobre la  mochila de gran trascendencia, por encima incluso del peso de la misma. Que sea una mochila apropiada para ajustarla bien al cuerpo. Es decir, no me vengáis al Camino con la mochila del colegio del sobrino. Ha de ser una mochila con cintas para ajustar bien el peso al cuerpo. Sean 3 kg o 20 kg, si van bien repartidos (colocados con lo más pesado al fondo de la mochila y haciendo de ella un espacio compacto), la carga no molestará más de lo debido. Como llevemos la mochila ladeada, sin ajustar al cuerpo, mal repartida en su interior, es muy probable que paséis las de Caín.

Y esto es todo. Ya sabes lo que no puede faltar en una mochila de peregrino. A partir de ahí puedes incorporar lo que te de la gana pero que sepas que dice la física que todos los objetos pesan y ocupan lugar. Hemos visto cargar con tacones, colonias buenas y malas, secadores de pelo (más de un chaval coreano), tiendas de campaña de 8 kg, perros en brazos, jaulas con el canario. El Camino nunca deja de sorprender. Tan solo queremos recordaros que se disfruta mucho más con el peso justo que cargado como una mula. A partir de ahí, allá cada cual con su camino.

Otro día hablamos de la conveniencia o no de que te lleven la mochila. Ah, de las tres mochilas de la foto de portada, las apropiadas nos parecen la del centro y la de la derecha, de 30 y 27 litros de volumen. No más de 40 litros y menos la de la izquierda salvo que seas un ucraniano fornido de 1oo kg de peso.