El debate existente en las ciudades sobre la regulación del uso de bicis y patinetes eléctricos está llegando al Camino de Santiago. Se empieza a ver alguno de estos medios de transporte en la ruta (y puede que sea solo el comienzo de una proliferación de los mismos). Como siempre en el Camino, nos tememos que su utilización quedará en el limbo legal y quienes peregrinen de forma convencional a pie se verán perjudicados a la hora de obtener una plaza en los albergues o de disfrutar sin tensiones de su marcha a Santiago. A nosotros, ambos «cacharritos» (bicicletas y patinetes eléctricos) nos parecen un avance para la mobilidad sostenible que puede evitar el uso de millones de medios convencionales más contaminantes e invasivos.

Ahora les queda a las distintas administraciones, regular su uso para que transiten por cualquier lugar que no sean las aceras. Porque en toda esta historia de la mobilidad, muy pocas veces se plantea que la prioridad se la debemos otorgar al peatón y para ellos debe existir un espacio único y apropiado.

¿Y qué es un peregrino a pie, más que un peatón que se dirige a un lugar normalmente alejado como es Santiago de Compostela con todas sus pertenencias a la espalda? En este nuevo resurgir de la ruta jacobea en las últimas décadas, el peregrino se siente más acosado cada día fisicamente por circunstancias como estas:

-Como viene denunciando la FICS (Fraternidad Internacional del Camino de Santiago), por la aberrante decisión de ayuntamientos y gobiernos regionales de asfaltar u hormigonar, tramos de un Camino que es sagrado sin que les entre en las entendederas que hay que dejarlos como están (tierra) y como mucho arreglarlos.

-Por la invasión de grupos irrespetuosos de turigrinos (organizados o no), de todo menos silenciosos.

-Por sonidos indeseados e impropios del Camino como el egoista de turno que camina con la música del móvil a todo trapo o simplemente gritando en vez de conversando (especialidad española) entre peregrinos.

– Por ciclistas poco respetuosos que te pasan a centímetros de tu cuerpo y a una velocidad que te sobresalta, cuando no tocan el timbre de la bici para que te apartes «queaquíestoyyo» (el gran problema del Camino y de la sociedad occidental, que un ámbito pensado para desprendernos del ego, se esté convirtiendo en una aberrante reivindicación del mismo).

– Y la última tendencia de la que hablábamos y que no sabemos en qué terminará: la llegada de bicis y patinetes eléctricos y que conceptualmente no deja de ser lo mismo que hacerlo en coche (un motor es el que te lleva, en parte o en todo el recorrido).

Ahí os podéis observar el cargador de coches y puede que de bicis y patinetes, existente a la salida del emblemático albergue parroquial de Grañón. Se colocó en una «fabulosa» campaña institucional de la administración europea. Otro asunto es que en los tres años aproximadamente que lleva ahí instalado, alguien lo haya utilizado alguna vez. Lo que viene siendo dinero tirado, pero como es la administración comunitaria parece que nos molesta menos.