Nos hemos levantado escatológicos hoy, hasta el punto de reflexionar sobre las vicisitudes del peregrino cuando se le presenta la imperiosa necesidad de evacuar. Pero es que el asunto tiene su enjundia. Por ejemplo: ¿no es una pena ver decenas de clínex y trozos de papel higiénico cada dos por tres?. Por no hablar de las tensiones que se generan en los bares o restaurantes cuando un peregrino utiliza los servicios sin consumir nada a cambio. ¿O cual es el lugar más adecuado en el campo para estos menesteres?

Primera consideración que tiene que ver con el proverbial “ancha es Castilla”: A nuestro entender, lo suyo es hacer pipí (sobre todo los hombres) en el campo; pero de manera discreta, no en medio del Camino como hemos visto en más de una ocasión. Muchas veces, nuestra condición de urbanitas nos ha hecho olvidar que no hay nada más natural que hacer las cositas al aire libre (además, muchas veces no queda más remedio). Puede resultar muy placentero y creemos que es lo más ecológico (no se tira de la cisterna) y cómodo en algunos casos.

Cuando a nuestro organismo lo que le pide es desprenderse de materia sólida, ya el asunto se complica. Es más incómodo hacerlo al aire libre pero muchas veces no queda más remedio. Lo mismo que en el apartado anterior: discreción y a ejercitar muchos músculos de las piernas que no conocíamos para mantenernos en cuclillas el tiempo necesario.

Otro asunto es qué hacer con el clínex, trozo de papel higiénico o toallita utilizados. Tan sencillo como introducirlo en una pequeña bolsita de plástico y tirarla en cuanto tengamos ocasión. Parece descabellado pero lo que no tiene nombre es encontrarse multitud de restos de papel cada dos por tres (también es cierto que a veces, en caminos poco transitados, uno de ellos nos sirve para confirmar que vamos en la dirección correcta).

En caso de que optemos por un servicio público, el de un bar o restaurante normalmente; se nos presenta un fabuloso abanico de opciones, que finalmente se dividen en dos: consumir o no consumir en el establecimiento. Creemos que en la medida de lo posible, lo suyo es hacer algo de gasto y es comprensible que a algún propietario no le haga mucha ilusión que no sea así. A veces se nos olvida que en muchos albergues o bares del Camino, no hay canalizaciones sino pozos sépticos que hay que vaciar cuando se llenan. También es cierto que hay establecimientos poco empáticos con los peregrinos que podrían permitir el uso de sus baños si no están muy concurridos.

Para esto y mucho más da el asunto de donde aliviarse en el Camino. Tan natural como la vida misma.