De hecho no hay nada que recomendemos con más enfásis que peregrinar en invierno por el Camino Francés. En Pilgrino estamos muy vinculados al Camino del Norte pero consideramos que es el Francés el que aporta una magia especial. Es el que han recorrido una inmensa mayoría de los peregrinos que se dirigen a Santiago a lo largo de los siglos y el que siempre ha perdurado. En estos últimos años, sin embargo, hay que valorar en qué circunstancias caminamos por el Francés. En los meses de primavera y otoño, incluso en verano, puede ser una experiencia nefasta por la masificación y todo lo que conlleva (peregrinos que más que madrugar parece que van de after, dificultad para encontrar plazas en albergues públicos, poco respeto por el silencio y la calma, etc, etc. Pues bien, todo ello nos lo evitamos caminando por el Francés en invierno. Vamos a disfrutar de la compañía de otros peregrinos (en estos días de enero y febrero llegan a dormir unos 50 peregrinos en finales de etapa clásicos cercanos a Santiago como Astorga o Ponferrada), vamos a caminar en silencio y sin nadie a nuestro alrededor si así lo deseamos (en la mayoría de las ocasiones), disfrutaremos de comidas calientes como nunca lo hemos hecho (saben a gloria unas sopas de ajo o un caldo gallego), vamos a encontrarnos a hospitaleros descansados con los que poder charlar más tranquilamente que el resto del año y así tantas y tantas ventajas de hacer el Camino Francés en invierno.

De la misma manera que os “vendemos” el Camino en invierno os imploramos para que toméis las siguientes precauciones:

-Utilizar ropa y calzado apropiados (unas polainas pueden ser muy útiles para proteger los pies de la lluvia y el barro, uno de los condicionantes de esta época. No es lo mismo caminar con el calzado seco que lleno de agua y barro durante kilómetros. Puede llegar a pesar un kilogramo más cada bota).

-Calculad que a partir de las 18.30 es de noche. Comenzad a caminar al amanecer para que si se produce algún imprevisto haya la mayor cantidad de tiempo para reaccionar.

-Llevad en la mochila comida de elevado aporte calórico (en muchas etapas puede que no haya ninguna tienda, ni bar abiertos).

-Contad con que puede nevar en cualquier punto del Camino Francés desde Francia hasta Triacastela pero especialmente en el paso por Pirineos (ni que decir tiene que habréis de atravesarlos por la carretera de Valcarlos y no por la Ruta de Napoleón), en las dos etapas previas a llegar a Burgos capital, en la subida y bajada a Foncebadón y en O Cebreiro a la entrada a Galicia. Muy atentos a las recomendaciones de los hospitaleros y a las previsiones meteorológicas, en cualquier caso.

-Utilizad la guía elaborada por Lourdes Lluch (propietaria de Acogida Betania en Frómista) www.aprinca.com/alberguesinvierno. En ella aparecen y de forma maravillosamente actualizada por Lourdes, los albergues que permanecen abiertos todo el año o casi todo el año.

Además de la ruta clásica a Santiago, también vemos factible utilizar el Camino Portugués desde Tui y el Camino a Fisterra en invierno (al trascurrir en su totalidad por Galicia, muchos de sus albergues públicos se encuentran abiertos) y sería sumamente excepcional que nos nevase. Nos parece más aventurado recorrer otras rutas como el Camino del Norte, el Primitivo o la Ruta de la Plata, salvo que seamos amantes de la soledad extrema y peregrinos con experiencia. En estas y el resto de rutas, la mayoría de los albergues se encuentran cerrados, como mucho coincidiremos con 2 o 3 peregrinos en varios días y en general puede resultar una experiencia dura y “subidita” de precio. En grupo, el asunto cambia (estos y otros caminos); ya que no faltará la compañía y el precio de las pensiones, casas rurales u hoteles será más ajustado al ser más a repartir.

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